Luego de 20 días de prometerse las lunas y las estrellas, una brasileña y un alemán se casaron online. Esta historia parece de otro planeta.

En lo que sí puede calificarse como “amor a primera vista”, una pareja conformada por un ciudadano alemán y una mujer brasileña se casaron “online”, ya que ninguno de los dos pudo viajar al país del otro debido a las restricciones por coronavirus.

Sin embargo, lo curioso de la boda, ya de por sí curiosa, por haberse efectuado a distancia, es que los dos tortolitos jamás se han visto las caras; al menos no frente a frente. Nunca han estado juntos porque se conocen solo por “chat”.

Boberías, dirá usted, chico o chica moderno que confía en eso de que la tecnología sirve para enamorarse.

Si eso fuera cierto, el caso de este alemán y esta brasileña es el mejor ejemplo de lo dicho, porque ambos se casaron apenas 20 días después de “conocerse”.


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Sí, como lo oye: la chica brasileña y el enamoradizo alemán contrajeron nupcias apenas 20 días después de conocerse, pero cibernéticamente.

Al parecer ambos emplearon bien el tiempo en conocer las interioridades de cada uno; esos detallitos que hacen “la diferencia”, como son: roncar o no, tener mal aliento o no, ser incómodo para dormir o no, afeitarse o no, que aunque muchos piensan son “detalles sin importancia”, no pocas veces rompen el hechizo mágico de una relación recién comenzada.

Dice O´Globo, que el primer día que se conocieron hablaron 2 horas; luego 4, después 8, 16 y 24 …

Tras tantos cuentos de un lado para el otro, estrellas prometidas y lunas alcanzadas, ambos estaban esperando que se acabasen las restricciones por la pandemia para consumar el acto amoroso. O sea: caerse encima el uno del otro, devorar esa pasión que los consume en su interior como si fueran Thérèse Raquin y Laurent LeClaire; porque amor sin sexo es como un mojito sin la gotica de angostura, o sin la hierbabuena macerada por el azúcar contra los bordes del vaso.

Esto finalmente ocurrió cuatro días después, en el aeropuerto de Sao Paulo, Guarulhos. No me pregunten por qué no esperaron esos 4 días para casarse como Dios manda, porque lo desconozco.

El hecho es que Cíntia Araújo y Timo Arnstadt, así se llaman la brasileña y alemán, se encontraron por primera vez en el aeropuerto y la imagen del encuentro demuestra que sí, que hay pasión.

Ahí mismo se intercambiaron los anillos; y como el padre que los casó -que fue el mismo que “los presentó cibernéticamente”, da la casualidad- se encontraba lejos, no tuvieron que esperar por el sermón, pues el “Sí, quiero”, ya había sido dado días atrás y enseguida intercambiaron los fluidos bucales con un beso de rosqueta.

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