Una mujer escribe al diario oficialista Juventud Rebelde para ver si se evita tener que hacer la cola a la hora de comprar algo. Un típico caso de “peloteo a la cubana”.

Una mujer cubana escribió al diario Juventud Rebelde alarmada por una “nueva medida” bajo la cual, ella, enferma, perdió los privilegios que tenía a la hora de hacer la cola, o más bien “las colas”, porque no todo  se adquiere en un mismo sitio y a la misma vez. El asunto se complica, porque la mujer, además de ser enferma, está al cuidado de un familiar, aun mayor, y más enferma aún.

Explica María Elena Moscoso, residente en la barriada de Fontanar, Boyeros, La Habana, que ella es asmática; presenta una Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), y por si fuera poco, es diabética, hipertensa y con neuropatía. María Elena convive con un familiar de 75 años, cuadripléjica y que presenta desde hace 53 años un cuadro de esclerosis múltiple, con muchas complicaciones, incluida la utilización de un respirador artificial.

Dice ella que hasta hace poco, “gracias a la ayuda de los vecinos”, lograron sortear los problemas de desabastecimiento en medio de la pandemia a la hora de comprar productos.

Gozó de cierta prioridad en un punto de Tiendas Caribe que hay en su zona, y una de las cuidadoras que la atendía, se encargaba de salir a comprar lo necesario para ellas, y para una vecina que vive sola con una niña autista, y que no tiene quien le ayude.

Pero, en días pasados, la cuidadora tropezó contra un muro. Una de las encargadas de ese punto de venta le dijo que, si ella quería comer pollo, tenía que hacer la cola como todo el mundo.

La mujer llamó  varias veces al presidente del Consejo Popular, quien, en el típico ejemplo de “peloteo”, se ha quitado el problema de encima mandándola a ver a la delegada de la circunscripción. El problema se complica porque, la delegada, está cuidando a su padre enfermo en otro municipio.

De vuelta al presidente del Consejo, este le informó que fue la Cadena de Tiendas Caribe la que tomó esa decisión, de quitarle el privilegio de que su cuidadora le comprara, sin hacer la cola, lo que necesitaba.

La solución que este encontró, luego de hablar con el jefe de Sector de la PNR, es que ellas deben hablar con el gerente del punto de venta, a ver si considera ese caso.

La cuidadora, que responde al nombre de Virgen Montes, fue a ver el Jefe de Sector, y este le corroboró que había «bajado» un documento -sí, vino “de arriba”- en el que se aclara que “se acabaron los casos sociales y los mensajeros, pues eso incentiva la actividad de los coleros.”

María Elena, desesperada, no entiende por qué ella tiene que pagar las culpas de los llamados “coleros y revendedores”.

por Roberto A.

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