Hasta el título de la gustada serie española – Aquí no hay quien viva– se me antoja al momento de reescribir las cuitas de dos cubanos recogidas en los últimos días en el diario oficialista Juventud Rebelde. Uno de ellos clama, implora y grita porque le reparen su refrigerador, roto a raíz de un problema con el voltaje en su casa (responsabilidad de la Empresa Eléctrica); y el otro el de una Farmacia que se quedó sin agua porque…

Vayamos por partes.

En una nota, titulada “Dos versiones de un mismo asunto”, queda ejemplificado claramente el drama de Alfredo Guerra López, quien reside en calle 18, No. 5, entre 13 y 15, en el reparto Antonio Guiteras de la ciudad de Bayamo.

Este doliente cuenta que el pasado 12 de abril pasado varias interrupciones de voltaje en el servicio eléctrico en su zona, provocó daños en su refrigerador.

Un especialista visitó su casa y constató que era cierto. Que las afectaciones eléctricas registradas el día 12, entre las 16:52 y las 17:48 pm, le habían roto el equipo a Alfredo.

Sin embargo, asombrosamente, 18 días después lo citaron y le explicaron que el suceso se debió a un incendio forestal ocurrido frente a la subestación Bayamo 220 kW, lo que provocó un sobrecalentamiento en las líneas, por lo que, al hacer su reclamación ante la Empresa Eléctrica provincial, que envió una comisión al sitio, la respuesta final fue «Sin lugar» a su demanda.

Según la Empresa Eléctrica, ese día no hubo tales afectaciones.

«Lo cierto, dice Alfredo, es que el refrigerador se rompió, y en la casa hay un niño de 18 meses. Gracias a los vecinos guardamos la leche y las compotas para él. No obstante, se nos echan a perder alimentos y las medicinas que tienen que estar a ciertas temperaturas.

«Esto se puede comprobar con las dos respuestas de los compañeros de la UEB Bayamo y de la Empresa Eléctrica. No estoy pidiendo nada imposible, solo el arreglo de mi refrigerador para atender a mi familia», concluyó el afectado su queja, no sin antes manifestarse confundido ante un fenómeno insólito, y las divergentes posiciones y respuestas de dos instancias de una misma entidad.

En el caso de la farmacia que se quedó sin agua -denuncia que también recoge la columna Acuse de Recibo del diario oficialista– es el típico cuento del hombre que encuentra a su mujer con otro pegándole los cuernos en el sofá de la casa y para resolver el problema, ¡decide botar el sofá!

Y es que todo se desencadenó tras la queja de una anciana a la cual se le anegaba su apartamento, contiguo con la farmacia.

Aguas de La Habana escasez de agua
Foto: Cubadebate

Al lugar acudieron unos plomeros enviados por la Empresa Provincial de Suministros Médicos, quienes resolvieron el problema, después de varios intentos, de una manera salomónica: cerrando la entrada de agua a la Farmacia.

Ante tal problema, Fernando Perera intentó informar del problema al gobierno municipal a través de su dirección de correo digital, pero ¡los mensajes rebotaban! Al revisar, Fernando se dio cuenta que  la página web del gobierno municipal ¡no se actualizaba desde 2018!

Debe ser seguramente culpa del embargo…

En fin, tras una semana de publicada la queja, y sin conocer nosotros si el Gobierno Municipal de Diez de Octubre actualizó o no su página web como debería, respondió a Fernando, Dianelys Ondina Ávalo Fernández, directora general de la Empresa Provincial de Farmacias.

La funcionaria explicó en su misiva que “se creó una comisión para investigar el asunto”.

La comisión entrevistó a Fernando, a la vecina afectada y a otra más, a la administradora de la farmacia y a un representante de Abastecimiento Técnico Material de la Unidad Básica de Farmacias de Diez de Octubre, y confirmó que desde febrero se presentó la tupición que afectó la vivienda aledaña y que, a los 20 días, al volver a ocurrir, se clausuró la entrada de agua solo para la farmacia, por continuar la afectación a la vecina.

La funcionaria alega que las tuberías son “de muchos años, de cobre”, por lo que acometer una reparación… parece imposible dadas las circunstancias.

La solución que hallaron fue pasar una manguera, desde la casa de la vecina hasta la farmacia, hasta tanto aparezcan las tuberías necesarias para la reparación capital.

Tanta agua “retenida”, le hubiera venido de perilla a Roberto Borrego Suárez. Este hombre, residente en Tejadillo 106, altos, entre Aguiar y Habana, en Habana Vieja, cuenta también a Juventud Rebelde que a a raíz de las inversiones hechas para mejorar el abasto a La Habana Vieja, desde noviembre de 2019 tuvo irregularidades con la entrada de agua en su cisterna.

Dice que en los finales de diciembre mejoró la situación con el líquido pero, de pronto, en enero de 2020 se interrumpió, y no ha vuelto a recibir agua, a pesar de que en toda su cuadra, y en las cuadras aledañas, se recibe.

agua
Con esto sueña Borrego. Con agua saliendo por la pila. Cortesía: ACN

Para resumir su caso: Borrego anda desde el 22 de noviembre haciendo gestiones en las oficinas de Aguas de La Habana de su municipio y allí anotan sus datos y le dicen que le enviarán un especialista en 72 horas. ¿Usted ha visto los especialistas? Así los ha visto Roberto, que también ha hecho las gestiones vía telefónica solo para recibir la misma respuesta: deme sus datos que le enviamos un técnico.

Y así, entre datos que te doy y promesas incumplidas vive Roberto, esperando que un día, después de seis meses de quejas y llamadas, el agua aparezca por la tubería de su fregadero.

«Antes de la pandemia, afirma, pasaron más de dos meses. Ya han pasado más de seis meses desde que hice “oficial” mi queja en Aguas de La Habana. Y ni siquiera he tenido la visita de un inspector. Tampoco me han enviado una pipa para temporalmente aliviar el problema. En resumen: a pesar de que mi cuadra y zona no han tenido afectaciones, llevo más de seis meses sin recibir agua, y la única entidad encargada de ese servicio vital no ha venido a ver la situación. En todo este tiempo, he tenido que permanecer el mayor tiempo posible en casa, esperando la posible visita de un inspector. He tenido afectaciones en mi trabajo, en mi salud, y otros problemas personales, derivados de la no tenencia de agua», concluye el hombre su carta, lamentando quizás vivir lejos de la farmacia de Casino Deportivo, de la esquina de 4ta. y 5ta, donde Fernando Perera tal vez, solícito, le permitiera empatar una manguera.

por Roberto A.

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