Bajo el título de “Cuba ante la COVID-19: los que curan y los que envenenan” el articulista Javier Gómez Sánchez – el llamado “Judas” del blog La Joven Cuba, un junta letras que se hizo célebre además en la blogosfera cubana tras el rapapolvo recibido por Silvio Rodríguez en Segunda Cita, previa barrida de piso del economista Pedro Monreal – intentó justificar la entrada en vigor del Decreto Ley 370 en la isla, y arremetió a defender el mismo, a expensas de que la gente le recuerde su pasado tenebroso, que incluye provocar fisuras entre la amistad del joven Harold Cárdenas Lema, el periodista uruguayo Fernando Ravsberg, la periodista italiana radica en Cuba Ida Garbieri, y el bloguero Francisco Rodríguez Cruz, más conocido como Paquito el de Cuba.

Este “aprendiz de agente infiltrado”, que duró en La Joven Cuba lo mismo que un merengue en la puerta de un colegio una vez descubierta su labor de “espionaje” e intenciones de implosionar el trabajo crítico del blog, dijo en el Granma hoy 20 de abril que “serán más los que no se dejen engañar ante las pretensiones de disfrazar del honesto oficio de la prensa y del ejercicio de la libertad, las intenciones de los que ven en el coronavirus la oportunidad perfecta para sus propósitos, en una guerra mediática desde hace tiempo lanzada sobre los cubanos”

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No es la primera vez que Javier Gómez Sánchez publica en el Granma, una vez que no pudo hacerlo más en La Joven Cuba, tras su desaparición forzosa del panorama de las redes sociales tras el soberano “cocotazo” dado por Silvio. Granma ha tenido que echar mano a gente como él, que a duras penas pueden juntar unas letras y darle forma  a una idea, para convertirse, no en un medio informativo, sino en lo que siempre ha sido, un medio ideológico. El llamado Yate, a menudo saca piezas de esta pequeña envergadura, escritas por gente con ánimo de periodistas frustrados, para suplir la ausencia de su plantilla. Las mejores plumas jóvenes que hace dos o un año estuvieron en Granma ya no están ahí, y es por ello que el heraldo oficialista ha tenido que acudir a un Oni Acosta Llerena para cubrir el hueco dejado por Michel Hernández para hablar de Cultura, y a un aprendiz de escribano como Gómez Sánchez para suplir la ausencia de Sergio Gómez Gallo, en los temás de “política”. O a Raúl Capote, un agente de la Seguridad del Estado con ánimos de escribano.

Lo dicho por Gómez Sánchez, un bloguero que vende sus textos al mejor postor – esta vez a Granma – es más de lo mismo. Según él,  este virus, el COVID-19, “nos ha llegado acompañado de las peores intenciones.”

Javier Gómez Sánchez, Granma
Javier Gómez Sánchez (camisa amarilla) junto a Iroel Sánchez y Giusette Leon, otra periodista oficialista cubana

Otra vez Granma vuelve a los posts falsos en Facebook, a los audios anónimos que circulan por Whatsapp para luego mencionar, justo detrás “páginas web, que se financian y funcionan desde ee. uu. (sic), con empleados en Cuba”, como si guardaran relación intrínseca unas con otras. ¿Acaso la doctora que a través de Whatsapp divulgó un audio hablando de médicos contagiados con el coronavirus en el Calixto García recibió un centavo del gobierno de EE.UU? Parece que no, pero a Javier, al Granma, y al oficialismo ideológico cubano, les encanta insinuar que sí.

“(…) tratan de poner en nuestros muros de Facebook todo cuanto pueda envenenar nuestra visión de la realidad”, dice Sánchez, y se pregunta:

“¿Se debe tolerar en tiempos de pandemia, sin interferencia alguna, lo que se tolera habitualmente?”

Luego, hace una comparación de lo que sucede en Argentina, Rusia, Kazajistán, Malasia, India, Perú, Chipre, Canadá y Reino Unido para meter en un saco igual a todo el mundo; como si el hecho que suceda “eso” allá afuera, valida que tengamos que hacerlo acá dentro.

Gómez Sánchez habla de fake news, pero no menciona si, por ejemplo, la periodista Mónica Baró, la última de las víctimas del Decreto Ley 370, entra en ese grupito que él – ya sabemos que la envidia es mala, muy mala – ha querido decir que existe y funciona en Cuba “pagado por el gobierno de EE.UU.”

Cualquier periodista cubano, cualquier conocedor de, por ejemplo, la obra periodística de Baró Sánchez – qué lástima que tengan el mismo apellido, ella no lo merece – y de su vida, conoce que Mónica es modelo de persona, tanto periodísticamente hablando, como joven cubana, mujer, activista, honesta y preocupada por su país. Estamos hablando de una joven que es, hoy por hoy, tal vez la voz más íntegra y valiosa dentro del periodismo cubano actual. Una joven que, desde el periodismo, solo busca decir la verdad.

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No está claro cuáles serían esos “bulos” o “fake news” que Baró Sánchez ha publicado en Facebook, de hecho, ninguno, pero Gómez Sánchez, que quisiera escribir al menos un 1% de lo bien que escribe Mónica – no por gusto la joven es Premio Internacional de Periodismo “Gabriel García Márquez” – y de escribir con el rigor investigativo que Mónica le imprime a sus trabajos – el trabajo ganador del Premio Gabo le demoró varios años realizarlo – ha salido con esta torpeza y ligereza, para nada rigurosa y cercana a la verdad; mucho menos positiva.

“No faltarán – dice este embadurnado de tinta – (…) las intenciones de los que ven en el coronavirus la oportunidad perfecta para sus propósitos, en una guerra mediática desde hace tiempo lanzada sobre los cubanos. Hay virus que sí se ven. Cuba sabe quién la cura y sabe quién la envenena.”

Sin dudas él, Envenenador en Jefe de La Joven Cuba, conoce de venenos y cómo aplicarlos. Su texto en el Granma está cargado de toxina al 120%.

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por Ariel P.

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