Si naciste en Cuba, las guaguas Girón te son cercanas. Además de por la estructura, son inconfundibles por el ruido que hacen y por la incomodidad

Calixto fue en una guagua Girón al preuniversitario en la década de los 80. También viajó en una de ellas a la escuela al campo, y cuando salía a pasear con su madre, volvían a ser estas las que pasaban por las paradas. En ese momento no le sorprendía. Lo que nunca imaginó que después de 30 años iban a ser las mismas que llevarían a su hija a la escuela y a las excursiones.

Las conocidas guagüitas Girón han tenido una participación importante en la historia del transporte en Cuba después de los años 70. “No hay quien no las reconozca”, dice Irma. “Además de por la estructura, son inconfundibles por el ruido que hacen y por lo incómodo de los asientos. Se trata, literalmente, de sillas rectas alineadas de dos en dos. Pero indiscutiblemente se les tiene hasta cariño. ¡Mira que han resuelto problemas…!”

Las Girón: entre consignas y lentitud

Fue en la fábrica de autobuses Claudio Argüelles situada en el antiguo paradero de El Vedado, en Línea y 20 donde nacieron todos los modelos, cuya secuencia llegó hasta el número XVII. Los primeros eran montados sobre el chasis de un camión soviético GAZ 153 y desde un inicio fueron destinados a transportar estudiantes y obreros. La mayoría tenía un rótulo en el cual se ponían consignas políticas de la época como “Siempre se puede más”, “Hacer más con menos”, o “Hasta la victoria siempre”, entre otras.

Guillermo lo recuerda como si fuese hoy. “La gente bromeaba con las consignas, pero también con la lentitud del vehículo. Les decíamos “aspirinas”. Cuando estábamos en la Lenin tenía un amigo que las dibujaba, dividía con una raya el parabrisas, él insistía en eso y es verdad, es un rasgo característico en ellas”.

Aunque en las ciudades se siguen utilizando, son comunes en los pueblos de provincia, donde aún funcionan como el principal medio. Realizan rutas escolares, conducen a determinados trabajadores que viven distantes de sus centros laborales y mueven a transeúntes de un municipio a otro.

Roly Nario, chofer mayabequense, asegura que además del valor simbólico que pudieran tener para los cubanos, siguen existiendo por una cuestión de necesidad. “El país no tiene economía para reemplazarlas a todas por ómnibus nuevos. A cada rato entran algunas donaciones, principalmente de Japón, pero no son suficientes para sustituirlas a todas. Lo otro es que caminan con petróleo, y resultan económicas. Yo manejé una por 20 años. En realidad, me gustaría verlas pintaditas y cuidadas, conservadas como lo que deberían ser, patrimonio de esta sociedad. Pero la verdad es que andan a empujones”.

La Girón XII

José Forte, diseñador gráfico, fotógrafo y periodista nacido en la isla y exiliado en la Florida escribió un artículo sobre estos vehículos y a partir de la Girón XII, dado su protagonismo durante los sucesos de la Embajada del Perú en La Habana en 1980.

En “El autobús más grande del mundo“, publicado en el sitio digital iFriedEgg.com, se relata que sobre los años 70, los autobuses que habían pertenecido a centros docentes privados para el tránsito de estudiantes fueron integrados luego del proceso de nacionalización a una flota estatal conocida como Ómnibus Escolares. Todos se pintaron del mismo color, grises con una raya roja. Aunque en un inicio fueron llamados Mambí, Fidel Castro insistió en que deberían ser nombrados Girón.

Texto y fotos: Lucía Jerez


 

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